¿Alguna vez has tenido la sensación de que la vida es un disco rayado? Cambias de pareja, pero los celos siguen ahí. Cambias de trabajo, pero el jefe sigue siendo un tirano (aunque tenga otra cara). Te mudas de ciudad, pero los problemas te encuentran en el nuevo código postal.
Es agotador, ¿verdad? Y lo más normal del mundo es pensar: "¡Qué mala suerte tengo!" o "¡El mundo está contra mí!".
Pero, ¿y si te dijera que el mundo no tiene nada personal contra ti? ¿Y si te dijera que lo que ves fuera no es más que una película que tú mismo estás proyectando desde dentro?
Hoy vamos a hablar de algo que duele un poquito al principio, pero que libera muchísimo después: la higiene de nuestra casa interior.
El imán invisible
Imagínate que llevas unas gafas con cristales rojos. Mires donde mires, todo lo verás rojizo. La pared blanca será rosa, el cielo azul será violeta. No es culpa de la pared ni del cielo; es el filtro que llevas puesto.
Nuestra mente funciona igual. En psicología y neurociencia se habla del SARA (Sistema de Activación Reticular). Es un filtro en tu cerebro que decide qué es importante y qué no.
- Si tu estado interior es de ira, tu cerebro es un radar buscando ofensas. Alguien te dará los buenos días un poco serio y tú pensarás: "¿Pero este de qué va?".
- Si tu estado interior es de miedo, verás peligros donde solo hay sombras.
- Si tu estado interior es de calma, verás oportunidades donde otros ven crisis.
Como decía el texto clásico: "La vida interior es el imán que atrae los eventos exteriores". No es magia, es enfoque.
La imagen que lo explica todo
Fíjate en la imagen de arriba. Fuera hay tormenta, hay caos, hay ruido. Esos son los "eventos exteriores". No podemos controlar que llueva, que haya crisis económicas o que alguien nos insulte en el tráfico. Eso pasa.
Pero mira a la persona. Su luz no viene de fuera, viene de dentro. Al poner orden en su "casa interior", el caos de fuera no puede tocarla.
Aquí está la clave que a veces nos cuesta tragar (y ojo, que hay que tragarla sin culpas, pero con responsabilidad): Si no limpiamos nuestra basura mental (celos, odio, victimismo), esa basura va a apestar allá donde vayamos.
El error de "romper el espejo"
Cuando algo no nos gusta en nuestra vida, solemos intentar cambiar lo de fuera a la fuerza. Gritamos al que nos insulta, manipulamos al que no nos quiere, nos quejamos del gobierno de turno.
Eso es como intentar peinarse tocando el reflejo en el espejo. Te vas a dejar los dedos marcados en el cristal, pero tu pelo seguirá despeinado.
Para cambiar la película, hay que ir a la cabina de proyección. Hay que ir dentro.
"Lo exterior es tan solo el reflejo de lo interior; quien cambia interiormente origina un nuevo orden de cosas."
¿Cómo hacemos limpieza general?
No nos vamos a engañar, esto no se arregla con dos frases bonitas de Instagram. Requiere trabajo, lo que llamamos "trabajo sobre sí mismo".
- Deja de ser una víctima: Mientras pienses que tu desgracia es culpa de tu vecino, de tu ex o de la suerte, estás vendido. Eres un corcho en medio del mar. En el momento en que dices "Vale, esto me ha dolido, pero ¿qué parte de mi reacción ha empeorado las cosas?", recuperas el mando.
- Observa sin juzgar: Cuando sientas celos o ira, no te digas "soy mala persona". Simplemente obsérvalo como quien mira una mancha en la camisa. "Anda, mira, tengo ira". Si la ves, puedes limpiarla. Si la niegas, se queda ahí.
- El billete adecuado: El texto dice que "cada evento exterior necesita el billete apropiado". Si la vida te trae una situación difícil y tú pagas con el billete de la desesperación, compras más caos. Si pagas con el billete de la serenidad, compras aprendizaje y paz.
Una conclusión optimista (y realista)
No se trata de ser perfectos ni de sonreír falsamente cuando algo duele. Se trata de que, cuando llegue la tormenta (que llegará), tú tengas tu casa interior tan ordenada y sólida que el viento solo mueva las cortinas, pero no tire los muros.
Cuando tú cambias, cuando tú te calmas, mágicamente, las "fieras" de fuera se calman. Y si no se calman, a ti ya no te importa tanto, porque tu paz no depende de ellos.
Así que, la próxima vez que el mundo te parezca un lugar hostil, haz una pausa. Respira. Y pregúntate: ¿Qué estoy proyectando yo hoy?
A lo mejor solo necesitas limpiar las gafas.
Deja de pelearte con el espejo